El Precio del Llamado

El ayuno agudiza la sensibilidad espiritual. En este segundo día de Ayuno Nacional, con nuestras fuerzas físicas menguando pero nuestro espíritu más alerta,...

El Precio del Llamado
Imagen por: DECOM Diseños
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El ayuno agudiza la sensibilidad espiritual. En este segundo día de Ayuno Nacional, con nuestras fuerzas físicas menguando pero nuestro espíritu más alerta, la urgencia de nuestro lema, "La mies es mucha, los obreros pocos", resuena con una claridad ensordecedora. No es solo un lema; es el diagnóstico de una crisis.

Y en medio de esta crisis, Dios ha usado la voz de nuestro Obispo Presidente, el Rvdo. José Miguel Pernía, para administrarnos una medicina fuerte, no un placebo. Su mensaje, "EL PRECIO DE MI LLAMADO", anclado en la agonía y el éxtasis de Jeremías 20:7-9, ha sido un bisturí divino que expone la anatomía de la vocación verdadera.

Si los obreros son pocos, no es porque Dios no esté llamando. Es porque el precio es aterradoramente alto. Jeremías, el profeta de las lágrimas, nos presta sus palabras para que podamos entender el costo real de ser la voz de Dios en la tierra.

"Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día. Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude." (Jeremías 20:7-9)

El mensaje de nuestro Obispo nos guía a través de las cuatro estaciones del alma de un obrero consagrado.

1. La Seducción Soberana: "Me Sedujiste... y Fui Vencido"

El ministerio no es un contrato laboral que se firma; es una conquista divina que se sufre. El primer precio que pagamos es nuestra propia voluntad.

  • Jeremías usa una palabra hebrea (pathah) que es intensamente personal. Implica un cortejo tan poderoso, una atracción tan irresistible, que la voluntad humana queda doblegada. No es una sugerencia; es una seducción soberana. El Rvdo. Pernía nos recordó que no estamos aquí por un cálculo de carrera, ni por los beneficios de un título. Estamos aquí porque un día, la voz de Dios nos cercó, nos desarmó y, como a Jacob en Peniel, nos "venció".
  • El Precio: El primer precio del llamado es tu agenda. Es el "yo" crucificado. Es el momento en que tus planes se quiebran para que los planes eternos de Dios prevalezcan. Has sido comprado, sellado y apartado por una fuerza mayor: el amor celoso del Espíritu Santo.

2. El Desgaste de la Fidelidad: "Afrenta y Escarnio Cada Día"

El llamado de Dios nos pone en conflicto inevitable, no solo con el mundo, sino a menudo con el statu quo religioso. El precio no es un pago único; es una cuota diaria de obediencia costosa.

  • ¿Por qué la burla? Porque Jeremías no predicaba un evangelio cómodo. Sus palabras eran "Violencia y destrucción". Él era el portador de la verdad sin diluir en una generación adicta a las ilusiones. El mundo ama a los profetas que afirman sus pecados, pero crucifica a los que exigen arrepentimiento.
  • El Precio: Como nos confrontó el Obispo, el precio es la impopularidad. Es ser llamado "anticuado", "radical" o "intolerante" por predicar la santidad bíblica. Es la soledad del líder que ve cómo otros eligen caminos más fáciles y anchos. Es el dolor de ser malinterpretado por aquellos a quienes intentas salvar. La mies es mucha, pero este es el motivo por el que los obreros son pocos: prefieren la aprobación de la multitud a la "afrenta" de la Palabra.

3. La Noche Oscura del Obrero: "Dije: No me Acordaré Más de Él"

Aquí yace el filtro del ministerio. Este es el Gólgota del obrero, el momento en que el precio parece insostenible.

  • Este no es un simple "mal día". Es la crisis existencial del siervo de Dios. Es el punto donde el agotamiento físico, el desgaste emocional y la aparente indiferencia del cielo colisionan. "Señor, te he sido fiel, y mi recompensa es el escarnio. He gritado Tu palabra, y solo recibo silencio". Es el Getsemaní del alma donde la copa del sufrimiento nos tienta a retroceder.
  • El Precio: Este es el precio de la perseverancia. Es seguir creyendo cuando no hay evidencia, seguir sirviendo cuando no hay aplausos, y seguir amando cuando solo hay traición. Es el momento en que Jeremías, en su humanidad quebrantada, presenta su renuncia: "Basta. No hablaré más en Su nombre". Muchos ministerios prometedores mueren en este valle de decisión.

4. La Prisión Gloriosa del Fuego: "Un Fuego Ardiente Metido en mis Huesos"

¡Pero aquí está la gloria del llamado! Justo cuando el profeta decide callar, descubre que no puede.

  • El llamado de Dios no es un trabajo; es una identidad. No es un traje que te pones; es una piel que habitas. La Palabra de Dios no era algo que Jeremías tenía; era algo que él era. El Obispo Pernía lo expresó con poder: el verdadero llamado no es una opción, es una necesidad ontológica.
  • ¡Palabra Poderosa!: El profeta descubrió algo asombroso: el dolor del silencio era más insoportable que el dolor de la persecución. "Traté de sufrirlo (el fuego), y no pude".
  • El Precio Final: El precio de tu llamado es que... ¡ya no puedes escapar de él! Eres un prisionero glorioso del Espíritu Santo. Eres un esclavo voluntario de la unción. Puedes intentar renunciar, puedes intentar esconderte, pero el fuego divino te consumirá por dentro. ¡Ay de ti si no predicas! (1 Cor. 9:16).

Una Cosecha que Demanda Obreros en Llamas

El mensaje de nuestro Obispo Presidente en este segundo día de ayuno no fue una caricia; fue un bautismo de fuego.

La mies es mucha y espera. No espera a obreros talentosos, ni a obreros populares, ni a obreros cómodos. Espera a obreros que estén dispuestos a pagar el precio.

La pregunta que este ayuno nos deja no es "¿Quieres ser usado por Dios?", sino "¿Estás dispuesto a ser seducido y vencido? ¿Estás dispuesto a soportar la afrenta? ¿Estás dispuesto a caminar tu noche oscura, solo para descubrir el fuego incontenible que arde en tus huesos?"

Que este tiempo de ayuno y oración no sea para pedirle a Dios que baje el precio del llamado. Sea para pedirle la gracia de pagarlo con gozo. Que el fuego que venció a Jeremías reavive hoy cada ministerio, cada púlpito y cada obrero.

¡El precio es alto, pero la cosecha lo vale! ¡Adelante, obreros valientes, que el fuego de Sus huesos no les deje callar!

Autor

Pablo José Ascanio
Pablo José Ascanio

Director General de Comunicaciones y Relaciones Públicas de la Iglesia Pentecostal Unida de Venezuela. Desarrollador Full Stack, #DECOM, #IPUV, #UPCI

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